Un caso modelo

Hay una red espiral de meridianos acupunturales que con sus hilos envuelve el cuerpo. Esa espiral se ve frente a los ojos como anillos de colores que se resumen en la espiral de la mano empuñada. Este caso ilustra la pulsoterapia y la sensoterapia. Mujer de 20 años, dos meses atrás presentó ganglio doloroso en cuello y, por esos días según ella, a raíz de obras de construcción en su casa, le apareció un brote difuso en brazos y piernas con rasquiña muy molesta. Varios tratamientos médicos sin mejoría, luego le apareció un mareo. Al ponerla a mecerse, se paraba encorvada y al hacerle enderezar su postura, se mareaba más pues oscilaba más sutilmente, con mayor inestabilidad. Le hice ver que su problema era un vértigo y que se acostumbrara a mecerse habitando su piso de arriba (el 7mo centro), con la nalga parada, el pecho expandido y la vista al frente y no encorvada, con el pecho caído y la cadera echada hacia adelante, lo cual no le daba “la altura” para su talla y la dejaba con la coronilla a la altura del 6 (centro). Cuando se descolgaba de desde la altura de la postura erecta (“habitando” su 7mo centro), sus manos y sus dedos daban un salto descontrolado (como el movimiento a saltos de los hombres amanerados) y caía a su viciada postura que sólo alcanzaba al 6to centro (la coronilla 7 en el entrecejo 6, descolgada, dos cms por debajo de su talla real). La puse a leer http://www.hospitalvirtualalternativo.com/ para que se convenciera de porque su alergia era un vértigo. Estuvo mejor dos días, pero la alergia arreció al tercer día, a los 5 días volvió a consulta y de nuevo al mecerse y dejarse caer erecta y de espaldas para que yo la recibiera atrás, sentía vacío en el pecho y susto. Acostada, a merced de la gravedad, veía un anillo violeta que se iba cerrando y alejando y en el punto más lejano y estrecho de esa espiral de anillos violetas contrayéndose, experimentaba la misma opresión en el pecho y susto que sentía al caer de pié al vacío y de espaldas. La incité para que viera punticos muy pequeños más allá del anillo más estrecho de esa espiral morada y con esfuerzo vio que ese vacío tenía en su fondo muy lejano miles de punticos y estrellitas. Al no ver esos punticos (fotones, cuánticos) los sentía como picazón en la piel y esa alergia la anclaba para no sentir ese vacío en el pecho. Acostada viendo esos punticos su dedo meñique saltaba súbitamente como saltaba toda ella cuando se descolgaba del piso 7 de postura erecta al piso 6 de espalda encorvada. Le tomé el pulso del dedo meñique sintiendo como si su mano fuera esa espiral violeta del entrecejo, su dedo pulgar e índice el anillo más grande y cercano mientras su dedo meñique erecto y saltón hacía con el pulgar su espiral más estrecha, la del salto del 6 al 7, la que aparecía cuando más allá de la cual estaba el temido vacío. Esperé a que con mis dedos pulgar e índice yo sintiera que en su piel de la punta del meñique (que equivale a la parte más estrecha de la espiral del entrecejo) apareciera una electricidad puntiforme. Al lograrlo ella sintió ganas de carraspear la incite a contar números para que anclara con la espiral de bajos de su voz ese nuevo tono eléctrico de pulgar, punticos del entrecejo y electricidad de meñique y ahora de su voz. Luego de estar un rato relajada, abandonada a la gravedad pesada que como máxima espiral corporal (un bajo más bajo) le estabilizaba ese nuevo agudo de punticos en entrecejo (como estrellas muy distantes, agudo más agudo) la hice parar bruscamente para probar su adaptación cardiáca al estrés gravitatorio de la postura erecta y se mareo. La puse a mecerse erecta y al asumir esa caída del piso 7mo al 6to sin cortes (con amaneramientos de una mujer sensual) a ese salto, que antes padecía en manos y pies, ahora la enseñé para que lo hiciera en la cadera. Cuando cada cadera cae más que la otra a merced de la gravedad, con pausa y ritmo, entonces la más ancha pelvis de la mujer bascula dándole ese “tumbao” sensual a la marcha femenina, (ritmo éste que en los hombres se instala es en el remar de los hombros). Era como pasar el mareo y el salto al vacío a las caderas donde en lugar de dar susto, es atractivo y placentero. Ambas terapias la sensoterapia que ella se hizo al ver los punticos que habían en el fondo del vacío más allá del anillo violeta más pequeño y la pulsoterapia que yo le hice en la punta del meñique la ayudaron a sentir esos agudos de la piel, como el electromagnetismo cuántico (los agudos) que estabilizaron ese bajo gravitacional del mareo con susto de caer. Eso la mejoró definitivamente a demás de reencontrarla con su femenino responsablemente bien asumido.